lunes, 10 de mayo de 2010

EL MUNDO MUNDIAL



En el siglo XX, se experimentó un crecimiento vertiginoso en el libre flujo de informaciones, mercancías, personas y capital, gracias a los adelantos en las telecomunicaciones y el transporte.

Inventos como la radio y el televisor hicieron posible que más personas pudiesen enterarse, rápidamente, de lo que ocurre más allá de sus fronteras, lo que a su vez sensibilizó a más personas sobre los problemas internacionales. La noción cada vez mayor de un mundo integrado, con problemas que son globales, despertó la conciencia de que era necesaria la coordinación de políticas comunes, más allá de los intereses estatales. De allí que en el presente siglo XXI, estemos al frente de dos paradigmas: la globalización y la integración.

La globalización trata de la visión del mundo como una unidad, como un todo integrado, dejando atrás las viejas concepciones que lo segmentaban y que imponían fronteras, territorios y parcelas políticas e ideológicas. Esa transformación de la concepción del mundo es a su vez más amplia que su concepción económica y política.

Independientemente de los aspectos positivos y negativos, se pueden identificar las siguientes características de la globalización: La existencia de un rápido y significativo progreso tecnológico, especialmente en el área de la información y la comunicación, que ha hecho aparecer la sociedad del conocimiento, debido a la multiplicación de esas fuentes; la integración de las economías locales, con la consiguiente implicación de un orden global caracterizado por la libre circulación de capital y el desarrollo de los elementos institucionales del libre mercado.

Este último punto adquiere una importante significación ya que la globalización parece concretar lo que los economistas llaman la utopía del capitalismo, en el que el comercio fluye sin ninguna restricción en el mundo y todo queda sujeto al libre juego de la oferta y la demanda.

Surge también una importante y significativa crítica, por los efectos sociales de la globalización, entre ellas una tendencia a la homogenización cultural a favor de las culturas de los países industrializados, una superposición de los intereses de los países más poderosos con respecto al resto de los países, con aumento de la brecha económica y tecnológica, lo que implica el aumento de la dependencia de las naciones subdesarrolladas con las desarrolladas y en suma…un aumento de la pobreza.

Aparece entonces el concepto de la Integración, como mecanismo para fortalecer y aprovechar mejor los aspectos positivos y disminuir los efectos indeseables de este fenómeno.

A raíz de la devastación de la 2ª Guerra Mundial se produjo un cambio en la mentalidad europea, sus líderes tomaron conciencia de la necesidad de encontrar un mecanismo para asegurar la paz e impulsar el desarrollo económico, que permitiera la reconstrucción del continente europeo en ruinas y enfrentar la expansión de la Unión Soviética.

El 19 de septiembre de 1946, Winston Churchill hace un llamamiento a favor de una "especie de Estados Unidos de Europa" en un discurso pronunciado en la Universidad de Zurich, Suiza.

Luego, el 9 de mayo de 1950, el primer ministro francés Robert Schuman, propuso integrar las industrias del carbón y el acero de Europa Occidental, con lo que en 1951 se forma la Comunidad Europea del Carbón y del Acero(CECA), con la participación de Bélgica, Alemania Occidental, Luxemburgo, Francia, Italia y los Países Bajos; y cuyo poder de toma de decisiones quedaría bajo la autoridad de un órgano independiente y supranacional, llamado "Alta Autoridad", cuyo primer presidente fue Jean Monnet.

La integración económica se constituyó en la vía para enfrentar la amenaza comunista, evitando las matanzas y las destrucciones en una región acostumbrada a los grandes conflictos bélicos.

En los países en desarrollo también se formó una conciencia de que era preciso desarrollarse económicamente como mecanismo para contrarrestar la dependencia de productos manufacturados del exterior y para lograr el bienestar de sus ciudadanos. Principalmente en América Latina, comenzó a producirse en la década de los 50, pero sobre todo en los 60, un movimiento a favor de los procesos de integración como un mecanismo para encontrar el desarrollo económico, social, disminuir la pobreza y la debilidad política existentes en la región.

Pero, aun cuando en Europa el proceso de integración avanzó de manera sostenida, en general la Integración económica se estancó, pues en el contexto de la Guerra Fría predominaron los acuerdos de carácter estratégico, de defensa o seguridad colectiva, con el fin de preservar la paz en las diferentes regiones, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte [OTAN], la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa [OSCE], la Organización de la Unión Africana [OUA], la Organización de Estados Americanos [OEA], la Liga Árabe, entre otros.

Pero los acontecimientos vividos en el mundo en la dos décadas finales del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, sobre todo el fin de la Guerra Fría y el desarrollo del fenómeno de la globalización, impulsaron la idea de que la integración económica era la forma de superar problemas mundiales como la pobreza, el subdesarrollo, la guerra e incluso la llamada Crisis Económica Mundial en la que estamos inmersos.

El auge de la Integración, que inicia con la caída del Muro de Berlín, hizo dejar atrás la visión del mundo dividido políticamente y que se observase que las economías abiertas habían demostrado ser más exitosas y competitivas que las economías planificadas, lo que permitió alcanzar mayor riqueza en los países industrializados.

Asimismo, la aceleración del libre intercambio financiero, informativo, informático y comercial, aunado a la aparición o agravamiento de problemas transnacionales como la contaminación ambiental, el terrorismo, las migraciones y la pobreza, hicieron que se modificase la noción clásica del Estado-Nación y de soberanía nacional, debido al cambio de su papel en la comunidad internacional, propiciando el desarrollo del concepto de Estado-Región, derecho supranacional y de soberanía integrada, todos vinculados a los procesos de integración.

Hoy, a pesar de la Crisis Mundial, la experiencia europea aviva el interés mundial por profundizar los vínculos comerciales y políticos entre Estados de una misma región, o entre bloques regionales, para incrementar las ventajas y disminuir el impacto de la globalización, alcanzando el desarrollo económico y social de cada nación, fortaleciendo su soberanía, pues la Integración es la sumatoria de las soberanías de los estados participantes, lo que hace que el mundo se haya vuelto mundial.

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