lunes, 7 de junio de 2010

DONDE ESTAMOS?

Si observamos alguna película estadounidense e inclusive europea, vemos ciertamente que la dinámica de las acciones gira en torno a paisajes, a arquitectura referencial, castillos, plazas, edificios insignes, etc, dando de esta manera un valor, hasta cierto punto, de sentimentalismo por obras de arte arquitectónicas que hayan desaparecido, tal es el caso del World Trade Center en la ciudad de Nueva York desde que fuera impactado por los dos aviones comerciales, aquel funesto 11 de septiembre. De hecho hay películas conmemorativas a ese hecho y quedaran en los anales de la historia para que esa nueva generación que nunca vió esas estructuras, las aprecie en una imagen cinematográfica. Y es gracias a la visión de futuro, a la idea de hacer el centro de negocios más grande del mundo por parte de sus ingenieros constructores, que la llamada “zona cero” o espacio donde se encontraban dichas torres son casi veneradas por los estadounidenses.

Se han preguntado porque en las películas de acción y de destrucción por catástrofes naturales o por “alienígenas” o cual fuere la amenaza mundial, siempre se ven afectadas las locaciones como la estatua de la libertad, el capitolio, el palacio del kremlin, el letrero de Hollywood…porque son iconos arquitectónicos, estructuras que reflejan la fraternidad, la justicia, la lucha de un pueblo, el ideal de sus habitantes…sin esos iconos, las diferentes locaciones fueran simplemente otras locaciones mas, sin sentido y sin interés alguno. Qué triste es extrapolar ese caso a Venezuela y apreciar que casi todas las maravillas arquitectónicas creadas por quienes fueran nuestros gobernantes, estén en total deterioro, o en desuso, o hayan sido utilizadas para una función totalmente distinta a la que el inspirado arquitecto planteó durante horas su visión y su sueño en un diseño que lamentablemente tuvo recepción por necesidad de colores o necesidad de estructuras, antes que ser apreciado pro la necesidad de historia.

Casos podemos citar muchos, solo me limitare a algunos pocos, las torres del silencio, icono de la ciudad transformado en una conglomeración de oficinas sin sentido y sin mantenimiento, promoviendo para mas en sus bases la proliferación de mercaderes artesanales, conocidos más comúnmente como buhoneros; el pasaje zingg, lugar donde aún se encuentran las primeras escaleras mecánicas con pasamanos de madera llegadas a Venezuela, en un total y absoluto abandono, lleno igualmente de mercaderes de chucherías; La esfera de caracas, azotada por los vándalos que necesitan aluminio; el tercer puente sobre el Orinoco, escondido de los propios y los extraños como si transitar por allí generara algún tipo de daño permanente al organismo. ¿Existe alguna imagen arquitectónica que podamos citar como referencia en una película venezolana? Sí la hay, los cerros, las megaconstrucciones de esos ingenieros y arquitectos empíricos que a diario nacen en esa colectividad. ¿Será que esa es la forma en la que queremos presentar a nuestros hijos o a nuestros nietos, el legajo de nuestro país?

Esos ideales que Guzmán Blanco pensó al mandar a construir el Paseo de Los Próceres se esfumaron, esas estructuras con acento europeo creadas en el silencio, para dar a caracas un poco de clase y distinción, se perdieron igualmente, y así casi toda la arquitectura y asi casi toda nuestra identidad, nuestro pasado, nuestras raíces se han ido esfumando, siendo desplazadas por un consumismo voraz, por una necesidad de más personas en menos espacios, por una acrecentada concentración de personas en un mismo lugar luchando por sobrevivir, en lugar de vivir, luchando por progresar a toda costa, inclusive progresar enterrando el pasado, un pasado que un día fue su guía de para decirle hacia dónde ir, y ahora una vez enterrado, no sabe qué rumbo tomar, y se ve tomando decisiones viscerales y contradictorias a diario, pero eso no es problema, lo que realmente importa es hacer dinero no historia.

Una de las historias más impactantes que se puede leer en la historia actual es el surgimiento de Japón como potencia después de la segunda guerra mundial. Y es que no ha transcurrido cien años de tan nefasto hecho bélico, y observamos a una nación que se unió, que dejó a un lado su mundo feudal y paso a un mundo capitalista, que olvido sus dogmas de calendarios que veneraban a animales y empezó a utilizar el calendario occidental, así como muchos otros cambios que generaron para ponerse a la par de quien les había causado tan funesto daño. A esta fecha Japón es una superpotencia mundial y sus aliados los chinos son los principales financistas de esa potencia de potencias que es Estados Unidos de Norte América.

Este comentario es vital para poder entender que una nación que mantiene sus ideales intactos, que fija metas y no las desvía por motivos personales, que aprende a dejar a un lado el “yo solo” y da cabida a un “todos nosotros juntos”, evoluciona a pasos acelerados, y sus metas se cumplen más rápidamente de lo que se esperaban, lo que genera, inexorablemente, que se reevalúen las metas y se visualicen objetivos más elevados, haciendo de esta manera crecer a un país. Así debería ser la forma de gobierno en los países mundiales. Pero realmente la realidad, la cruda y contundente realidad, es otra. No es necesario salir a buscar ejemplos cuando podemos, y debemos, tomar a nuestro país, como un ejemplo de ello. No hablemos de política, pero veamos como incide ese “yoismo” en la evolución de nuestros espacios. Cada uno de los gobernantes de turno se ha caracterizado por hacerse sentir de una u otra manera y por dejar obras que impacten, y he de hacer un paréntesis acá para señalar que ese impacto en muchas de las oportunidades ha sido solamente visual y no un impacto social, económico o funcional real. Entrega de viviendas de mala calidad para obtener votos para las próximas elecciones, construcciones de obras con fines científicos que culminan en mercados populares, establecimiento de empresas nacionales para garantizar producción local, las cuales perecen a los seis meses por corrupción y son “resucitadas” una, dos y tres veces con el mismo resultado. Lamentablemente cuando se llega a la cima del poder se olvida muy rápidamente de donde se viene, se olvidan las raíces, se omiten los tragos amargos y solo se recuerda lo que el ego personal permite.

Y es que entonces grandes talentos nacionales, gracias a ese pensamiento gubernamental de “este país es solo mío”, se encuentran en un letargo sin fin, ya que no profesan con las tendencias gubernamentales, cuando, si realmente queremos evolucionar en cualquiera de los aspectos que deseemos, y que son muchos, necesitamos de la participación de todos y no de un “solo y selecto grupo” elegido por el gobierno de turno para que desarrolle, cree obras y vanaglorie a la tendencia política que este dirigiendo al país. No existe un norte definido y vamos, todos nosotros, quienes hemos confiado en nuestros dirigentes, igualmente sin rumbo, sin norte, coloquialmente dando golpes a ciegas, así no se evoluciona, así se involuciona.

Se necesita la conciencia de todos los involucrados en el país para poder evolucionar y para poder llevar a un país adelante, en ninguna de las maneras, en ninguna de las formas ni en ninguna de las consideraciones que se establezcan, es necesario crear inicialmente consciencia, ubicar rumbo y definir norte, una vez hecho esto ya sabremos hacia adonde queremos ir y no estaremos tanteando a nuestro destino sino que estaremos forjando nuestro destino. Las grandes obras arquitectónicas no hacen a los mejores gobernantes, los mejores gobernantes saben que hay que partir de la raíz, del inicio, desde abajo , para poder solucionar los problemas y no solamente buscar soluciones temporales que quedaran en utopías inconclusas que solo llenaran la satisfacción del ego del gobernante nacional, municipal, o municipal de turno, pero no llenaran las necesidades de un país que cada día se hunde mas en el espeso lodo de corrupción y desdén que se ha creado desde hace tiempo y que se ha incrementado día a día, sin miras a un cambio real o por lo menos a un futuro incierto. Lamentable escenario para todos los integrantes de las bellas artes quienes sin un norte cierto y sin un apoyo certero, no sabremos qué será de nuestro destino.



1 comentario:

  1. Josmaly González7 de junio de 2010, 20:19

    Lástima que no todos piensen asi, sin embargo vale la pena tomarse unos minutos para reflexionar y percatarse de lo que está ocurriendo, muchos tenemos los ojos abiertos pero estamos rodeados de egoístas e ignorantes que prefieren ahogarse en el mundo de mediocridad y conformismo que les regala una felicidad temporal. Te admiro y respeto por marcar la diferencia en forma positiva. Ek is lief vir jou.

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